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Mostrando las entradas con la etiqueta Felicidad

Felicidad, parte 8

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El puente de St. Louis estaba iluminado con una mezcla de eficacia y la magia que había hecho famosa la ciudad. El Sena susurraba en sus constantes idas y venidas una música orquestal, mantenida con oboe, con los violines aullando caóticas melodías fusionadas en un sonido conexo. Norte-Dame presidía la escena, imponente como siempre, irresistible, indestructible, y más arriba, la luna se arropaba con una fina manta de nubes. - He venido a París buscando esto – dijo Julia. Andaba despacio, sin dejar escapar el momento. - París es una ciudad única – dijo Odette -, pero es mejor no vivir aquí demasiado tiempo. Huir antes de ver su lado oscuro. Pero es así en todas las ciudades, ¿no? Todas tienen su encanto y todas son capaces de destruirlo. - Aprovéchalo, Julia, no dejes que te roben esto, ni siquiera Odette – dijo Gilles -. Ninguna ciudad te ofrece lo que da París. - Ninguna te cobra lo que te quita París – dijo Odette. Continuaron paseando por el islote adormecido por el río hasta...

Felicidad, parte 7

Judith Lamay, con tantos años vividos que no merece la pena decir el número, había conseguido una copia en cd de los nocturnos de piano de Chopin interpretados por Arthur Rubinstein, una habitación de un precioso hotel en la costa de Normandía y una máquina de escribir. Tiempo atrás todo esto le habría parecido un gasto excesivo. Colocó con cuidado el primer folio y se preparó a escribir en el centro. Sólo necesitaba un título para que todas las palabras que ya conocía empezaran a escribirse solas. Una palabra o una frase que representara todas las historias que le habían contado en su vida, todas las vidas que había conocido por medio de la investigación, para que todos esos nombres casi desconocidos cobraran vida en una novela. Un título. Pensó en ellos, en los soldados que fueron a la guerra por obligación, en los que fueron por patriotismo y en los que fueron por ser violentos. En todo lo que dejaron atrás, todo lo que hicieron fuera del país y todo lo que se perdieron por no p...

Felicidad, parte 6

Han pasado sólo tres días y ya pienso en volver. Hoa. Hoa. Tu nombre aparece en cualquier lugar, entre cualquier pensamiento. Hoa. No puedo olvidarte. No puedo dejar de pensar en ti, y te veo en las caras de los demás. Quiero volver contigo, pero sé que no puedo, que ya no tengo lugar allí. Ni siquiera quiero formar una familia contigo; no tal y como están las cosas. Pero es tan difícil, Hoa. Es tan difícil luchar contra un sentimiento tan fuerte. Ojalá cuando leas esta carta vuelvas a ser la de antes. Ojalá olvides todo lo que te ha convertido en lo que eres y recuerdes cómo eras. Cuando nos pasábamos las noches juntos, cuando nos contábamos todo, desde lo más estúpido hasta nuestros más profundos pensamientos. Ojalá abras los ojos y consigas hallar la fuerza con la que luchar por mí. Yo estaré siempre, y siempre podrás encontrarme. Te quiero, Hoa. Bao. - Intentaré volver, Judith. Lo antes posible. - Lewis, no te preocupes por eso. Me has dado algunos de los mejores ratos de m...

Felicidad, parte 5

- Hendrik -. Mamá sonidéa . Apreso mano. Mamá delante yo. Mamá mueve yo zig-zag. Mamá toca yo. Bostezo. Hombre y hombre y hombre y hombre delante yo. Hombre y hombre y hombre delante yo. Suelo delante yo. Hombre y hombre y hombre delante yo. Mamá va. Mamá mueve yo zig-zag. Hombre delante yo. Hombre ríe. Hombre no ríe. Hombre va. Hombre grita. Hombre molesta yo, luz calor. Dzhojar entró en el Kremlin por la puerta para visitantes, situada bajo la torre Kutafya. Las alarmas no captaron nada inusual, aunque llevara todo el cuerpo cargado de dinamita. Al principio no sabía si hacerlo en la fortaleza o en la Plaza Roja, y, aun habiendo elegido el Kremlin, le faltaba determinar el lugar exacto. Cruzó el puente Troitskiy. ¿En las catedrales? ¿En la residencia del presidente? ¿En el Palacio de Congresos? Quizá el arsenal era la mejor opción. Quizá estaba lleno de explosivos y podía encenderlos con la dinamita. Pero no podía basarse en un quizá. Tenía que matar a todos los que pudiera, y cerca ...

Felicidad, parte 4

Estar en Ha-Shalshele le ponía enfermo. Aquella calle rezumaba judaísmo por cada edificio, cada tienda y cada milímetro de suelo. Esta era su ciudad, no la de los judíos. Y a nadie le importaba. Se la habían regalado. Les habían compensado lo que les hicieron unos pirados en Alemania robándonos nuestra tierra. Ramala no significaba nada. No era capital de nada. Jerusalén era su capital, y esos apestosos judíos la seguían ensuciando, con sus amigos americanos. Y a ONU lo ignoraba, miraba a otro lado. Y la Autoridad Nacional Palestina seguía intentando hablar con esos ladrones. Seguían pensando que llevaría a algo. Pero sólo miraban, allí en las Naciones Unidas. Miraban, hablaban, pero no participaban en las decisiones. “Observadores” les llamaban. Sólo había una solución posible para acabar con la ocupación de Israel. Los judíos podían pensar que eran el pueblo de Dios, pero les acababa de vender a sus enemigos. Mas’ud, el dios al que habían aceptado como su Dios. Estúpidos malnacidos. ...

Felicidad, parte 3

Tuvo que terminar. Era imposible seguir así, aunque el pasado hubiera sido tan... cálido. Quizá fue la edad, pero Julia siempre pensó que había algo más en su relación. Que no era como las demás, o al menos no como la mayoría de ellas. Una chispa, un fuego y de pronto el agua. Y humo. Y habían durado tanto, sin los problemas de las relaciones jóvenes. Desde los 16, hace ya 8 años. Durante la noche, un ladrón sonriente, un bufón con piel de serpiente, arrancó de la cama el ardor de dos amantes, y cuando despertaron eran extraños. Él quería seguir, era feliz. Pero acabó con su corazón. En una misma noche perdió el amor y la felicidad. Se consolaba pensando que había ganado humanidad. Y así dejó España, su país de siempre, con el corazón lleno de tiritas, y huyó a la ciudad del amor. París. El odio, como una mancha solar, revolviéndose, explotando, volviendo a nacer, ocultando. ...