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Club Soledad: Blad

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Mientras blandía la cuchilla en la piel de aquel sucio magnate de los negocios Blad tarareaba fielmente una canción poco conocida del grupo Lynyrd Skynyrd y perfilaba con cuidado la inscripción que desde hacía años marcaba la piel de sus víctimas. Como en ocasiones anteriores, sus obras de arte eran magistralmente conducidas por los caminos del engaño hasta llegar a su trampa. Blad era un cazador, un mesías, el pastor de las almas descarriadas. . Dios le había ordenado un cometido y él lo cumplía con satisfacción. No hay nada malo en disfrutar de su trabajo y más si se está completamente seguro de que se está haciendo lo correcto. Putas, avaros, mentirosos, soberbios… Toda la escoria de la humanidad debería saber que es él quién les conducirá a su infierno por caminos tenebrosos y oscuros, manchados de dolor y arrepentimiento. El es Constantine, es un mito y comprende cada milímetro del mundo. Los atraía a cada uno con su vicio y los atrapaba una vez dentro. La puta no le resulto difíc...

El club soledad: John

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Las luces vuelan cruzando las ventanillas del Mazda MX-5 negro descapotado que se come a gran velocidad todos los kilómetros desde el hotel Ritz hacia ninguna parte. En el asiento del conductor John aprieta con fuerza el acelerador y mira al infinito pensando solamente en el viento que juguetea con su pelo engominado. Cierra los ojos durante un instante y escucha el motor pedir la sexta marcha aun sabiendo que jamás va a llegar. Se agarra al volante y toma las curvas oyendo los quejidos de los neumáticos al dejar trocitos de estopa en los arcenes de la carretera bidireccional que separa dos mundos paralelos. Su vida, y el resto del mundo. Quizá demasiado egoísta o quizá demasiado especial (en tono despectivo) para dedicarse a nadie más que a sí mismo. John se había acostumbrado a vivir una vida de negocios y estrés. Nació en una familia de bien donde, tanto su madre como su padre, estaban demasiado ocupados para enseñar a su hijo a querer y ser querido. En cuestión de educación, fue un...

El Club Soledad: Maru.

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Nadie nos enseña a vivir. Nadie nos cuenta cómo debemos empezar a ser felices. Quizá es la razón de que nunca lo seamos. No se dictaron normas ni tampoco manuales, por eso somos libres y desdichados. Somos independientemente dependientes de algo. Nos mentimos (primera fase), nos deprimimos (segunda fase), continuamos deprimiéndonos (tercera fase), negamos todo contacto con cualquier persona (cuarta fase) y lloramos (quinta fase)… Hasta ahí conozco yo. No sé en cual he estado ni en cual estoy, pero conozco cinco historias. Cinco historias que nos enseñan que la soledad no es cosa de uno. Máster en soledad, Nobel de desdicha, record de lágrimas. Maru había sido más que bella. Había sido perfecta. Sus padres la habían educado como la perfecta esposa y envidiable madre. Rímel desde los trece, carmín desde los quince. Falda corta, descaro de largo. Aprendió más con su cuerpo que cualquier capullo con un libro. Supo dirigir y exigir, desear y ser amada. Era la mayor zángana, hija de su ...